CUIDADO CON LOS INTERRUPTORES

Generalmente una de las primeras cosas que se nota al entrar en una fábrica, taller o compañía de electricidad es el letrero “peligro”. Si contáramos los lugares en el cual está colocado este letrero, no cabe duda que descubriríamos que más de media docena están relacionados con la operación y control de la corriente eléctrica. Muchos de estos letreros que han sido colocados para nuestra protección están relacionados con una lesión grave o aún una muerte.

Hay una atracción particular hacia los interruptores eléctricos,  cuanto más alta es la tensión más grande es la atracción. Es posible que la atracción esté relacionada con nuestro cariño instintivo hacia la fuerza y nuestro deseo inconsciente de lograr que “sucedan cosas”.  Es probable también que no sea nada más que nuestra curiosidad insaciable la que nos atrae a los interruptores. Es posible también que lo que nos impulsa a tocar un interruptor prohibido es el deseo de “ahorrar tiempo”.

El mover un interruptor puede poner en funcionamiento a una máquina, causar un incendio desastroso o aun encender una carga de dinamita, iluminar una habitación o taller y aún matar a un hombre.  Un interruptor eléctrico operado adecuadamente puede ser muy útil en un determinado momento y en otro causar un daño incalculable.

Todos conocemos la historia del trabajador que trabajaba en una máquina que funcionaba con un motor. El disyuntor de la línea principal que proveía la energía a esta máquina, saltó debido a una sobrecarga. El operario de la máquina fue a la sala de controles y volvió a colocar el disyuntor. Inmediatamente volvió a saltar, ya que la línea estaba todavía sobrecargada y una chispa que saltó el disyuntor (del tipo antiguo) le causó una quemadura en el ojo izquierdo, que dio por resultado una incapacidad de alrededor de diez días.

Estas cosas suceden tan a menudo que la mayoría de las compañías establecen reglas y se dan instrucciones para evitarlas. Pero en el caso relatado, el trabajador olvidó las reglas y las advertencias y pensó que podía correr el riesgo. Lo que no pensó es que casi pudo haber perdido un ojo.

Este operario no tenía por qué tocar el conmutador. Solamente hubiese necesitado unos pocos minutos para llamar al supervisor o bien a un electricista. Un minuto de recapacitación podría haberle salvado muchos días de dolor.

Se ha dicho que la electricidad es parte de la vida moderna, pero demasiada electricidad es la base de la muerte.

El electricista entrenado no corre ningún peligro, ya que sabe dónde se encuentra la corriente, qué es lo que debe hacer y cómo debe hacerlo en el momento en que lo quiere realizar.  Cualquier otra persona que se entremeta aun con tensiones moderadamente bajas está poniendo su cabeza en la “guillotina”.  Los hombres más valientes son generalmente los más cuidadosos.  Estos trabajadores son los que saben que los letreros que se colocan cerca o arriba de los interruptores deben de ser observados siempre.

El prestar atención a todos los letreros colocados cerca de los interruptores eléctricos puede evitar consecuencias muy serias.  Debemos recordar que la “electricidad, generalmente, no da más de una oportunidad”.

*Fuente “SUPERVISOR”. publicación del CONSEJO INTERAMERICANO DE SEGURIDAD.